fuckyeahharrypotter

Within five minutes Harry was soaked to his skin and frozen, hardly able to see his teammates, let alone the tiny Snitch. He flew backward and forward across the field past blurred red and yellow shapes, with no idea of what was happening in the rest of the game. He couldn’t hear the commentary over the wind. The crowd was hidden beneath a sea of cloaks and battered umbrellas.

He turned, intending to head back toward the middle of the field, but at that moment, another flash of lightning illuminated the stands, and Harry saw something that distracted him completely, the silhouette of an enormous shaggy black dog, clearly imprinted against the sky, motionless in the topmost, empty row of seats.

Vasili.

— ¿Alguna vez te has enfrentado a la súbita desaparición de todo en lo que creías?

— ¿Súbita? No. Normalmente toma tiempo.

— Es, más o menos, el darse cuenta de que me hundí en la nieve. No esa sensación cómoda del frio atravesando las botas, sino estar perdido en medio de un terreno baldío, hundido hasta el cuello y sin olor alguno para los perros de rescate. Algo cercano. Lo mío no es llegar allá, es despertarse en medio.

— ¿Y cómo llegamos a esta terrible revelación?

—No llegamos. Llegué. Y no llegué, aparecí.

— ¿Qué es una desesperanza imposible de traducir?

—Me enfrento a una crisis existencial que puede determinar el curso de mi vida en los meses por venir. Y tú llenas crucigramas. Litost, es checo.

—Gracias. Entonces. La desgracia, la angustia.

—De nuevo, Litost. ¿No cabe?

—No, la tuya. Sí, creo que esa era.

—La mía. Mi desgracia es que no tengo una desgracia. Mi angustia es la misma, que no tengo una desgracia. ¿Recuerdas cuando bailábamos sobre el sofá y yo tocaba el piano mientras llegaban oleadas de amigos a los que les cocinábamos? Nos felicitaban cada noche. Y los aplausos cuando yo presentaba un libro, el viaje tedioso en el tren y los hoteles. Era terrible, pero era mío. Y ahora nos sentamos el uno frente al otro para gritarnos palabras en checo.

—Pues lo aceptamos. No creo que yo haga la vida tan aburrida. Y, antes de que pelees, entiendo de qué hablas. El aire es pesado y ya nadie toma trenes hacia Petersburgo. Lo he pensado, pero me doy cuenta de que estoy hablando con el último duque que haya visto este país.

—Siempre me conociste como duque. No es hora de quejarse. Mi mamá estaba orgullosa cuando me nombraron, es algo de familia. Tú no lo entenderías.

— ¿Por qué? ¿No tengo familia?

—Sí, pero no una con un duque.

—Vasili, no sé qué decirte. La existencia se acaba. Wabi-sabi, como dicen los japoneses.

—Lo acabas de ver en el crucigrama.

—De resolver en el crucigrama, así que vale más.

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